Pasarán los años y todos recordarán al 2020 como el año en el que el mundo se vio obligado a cambiar en muchos aspectos a raíz de la pandemia. Uno de los más afectados fue la empleabilidad. Como era de esperarse, las leyes debieron adaptarse a este nuevo contexto forjado de manera inesperada.

El 1° de abril de 2021 comenzó a regir en Argentina la ley de teletrabajo 27.555. Hablamos de teletrabajo cuando se realizan actos, obras o se prestan servicios propios del contrato de trabajo desde el domicilio de la persona que trabaja o desde lugares distintos al establecimiento del empleador, por medio de tecnologías de la información y comunicación.

Si bien a principios del año 2020 tanto empleadores como empleados creían que se trataba de una realidad transitoria, un año después podemos afirmar que esta realidad llegó para quedarse. En un estudio realizado por Adecco Argentina, el 58% de los trabajadores afirmó que su empresa continuará haciendo home office durante 2021. Si bien, en principio, podría decirse que es una resolución totalmente provechosa para el empleado, es importante poder establecer una división entre el ámbito laboral y el privado.

Según datos de esta misma fuente, el 38% tiene un horario laboral más extendido que en la antigua normalidad. En este sentido, es necesario fijar un horario para realizar las tareas laborales. En caso de contar con un trabajo part time o full time con un horario preestablecido, es aconsejable respetar la franja horaria reglamentaria, evitando extenderse en demasía con respecto al supuesto horario de “salida”.

Las personas que trabajan bajo la modalidad de teletrabajo tienen derecho a desconectarse de los dispositivos fuera de su jornada laboral, sin ser obligadas a realizar ningún tipo de tarea. En caso de recibir un mensaje de parte del empleador, el individuo tiene derecho a responder recién cuando inicie su nueva jornada, salvo casos excepcionales.

Una variable meramente positiva para la mayoría de la población empleada es la reducción de gastos propios de la rutina laboral (viáticos, consumo alimenticio fuera del hogar, etc.).

Haciendo un recuento de los cambios que trajo la virtualidad laboral, podemos decir que estamos en presencia de un nuevo paradigma, en el cual ya no es imprescindible la presencia del total de la población empleada de manera diaria durante una tercera parte del día. La modalidad de trabajo de lunes a viernes durante ocho horas parece haber caducado en gran parte de las compañías. En este sentido, según afirma Adecco Argentina, apenas el 17% tiene pensado volver a las oficinas (dijimos anteriormente que el 58% seguirá con home office durante 2021, mientras que el 25% aún no lo ha definido).

Si bien abundan los beneficios de trabajar a distancia, hay quienes añoran aquellas horas compartidas junto a sus pares. Sin caer en la melancolía, parecen lejanas las charlas en la cocina, aún con lagañas en los ojos, esperando que terminara de prepararse el café de la mañana; los almuerzos multitudinarios en la sala de reuniones; y ni hablar de los after office a los cuales los jóvenes se habían acostumbrado.

Como suele suceder en casi todos los ámbitos, los cambios de esta nueva normalidad laboral conllevan aspectos positivos y negativos. El ser humano tiende a desear aquello que no tiene; quizás por este motivo nos cuesta sentirnos plenamente satisfechos con alguna de las dos modalidades. Como reflejo de esta realidad indefinida, vale mencionar que el 50% de los empleados aceptaría trabajar con un modelo híbrido (parte en casa-parte en la oficina).

Y vos, ¿Qué preferís? ¿Teletrabajo o modalidad presencial?

 

Por Christian Rao, voluntario PROEM