Si faltan resultados, es porque faltan conversaciones

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Si faltan resultados, es porque faltan conversaciones

Marcela Fernández, voluntaria de PROEM y coach especializada en liderazgo de equipos de trabajo, reflexiona sobre la importancia de adquirir y entrenar competencias para conversar de manera efectiva.

¿Por qué se hace tan relevante adquirir y entrenar competencias para conversar de manera efectiva?
En primer lugar, deberíamos decir que todo nuestro quehacer, laboral y personal, se despliega en una red de conversaciones.

Hacemos lo que hacemos porque estamos conversando sobre ello. Inclusive previo al hacer, existen conversaciones que tal vez son internas. Aún en esas, y sobre todo en esas, es muy interesante hacer el ejercicio de examinarlas, e interpelarlas, si es que queremos lograr mejores resultados, producir cosas diferentes, o entregar valor en nuestro desempeño en el mundo.

El del lenguaje es un dominio muy vasto y no vamos a incursionar en él con esta propuesta. Sin embargo, me parece interesante comenzar con poner sobre la mesa algunas distinciones que nos pueden permitir ampliar nuestra visión sobre esto, y comenzar con un ejercicio muy fértil que es del observar qué sucede cuando conversamos con otros.

Es muy frecuente que las personas se encuentran en sus conversaciones más preocupadas por prever que van a responder, o por tener el argumento ideal para rebatir lo “que ya sé que va a decir” porque “piensa que tal cosa”.

Entramos en las conversaciones sin poner mucha atención a la forma en que conversamos.  En el mejor de los casos tal vez cuidamos las formas, reglas de etiqueta, y estilos culturales según sea el caso. Pero estas cuestiones están más vinculadas con lo protocolar que con la intención de lograr una comunicación efectiva.

Si nos embarga alguna emoción que presumimos puede obstaculizar, se intenta ocultarla o “cuidar que no se note” y si tenemos que reprender a alguien o hacer un reclamo “le decimos también algo positivo para que no se sienta mal” o “le tiramos la bronca directamente y listo”

¿Cuál es entonces un punto que podríamos comenzar a observar para salir de esa forma tan automática de hablar con otros? Pero, sobre todo, qué podríamos hacer poder coordinar, programar, proyectar y resolver con otros sea productivo, eficaz y valioso?

LA ESCUCHA

Creo que es el mejor punto para comenzar. Cuando hablamos con otros, ¿qué es lo que estamos escuchando del otro?

En el coaching, hacemos una distinción entre dos actos de habla que son fundamentales para esto.

JUICIOS Y AFIRMACIONES

Las AFIRMACIONES son hechos. Verdaderos o falsos. Son verificables. Independientemente de quien lo diga, y quien lo verifique, tienen la cualidad de ser constatados.

Los JUICIOS en cambio, son valoraciones que hacemos acerca de esos hechos. Son opiniones que tenemos, acerca de esos hechos que observamos. Establecemos esas opiniones en base a una escala que es personal, de criterios que pueden ser propios o generalizados, a partir de la cual establecemos nuestra forma de pensar acerca de eso. Esa escala, o estándar, lo construimos en función de cosas que nos son relevantes, que nos interesa cuidar, que aprendimos en nuestra familia, en sociedad, etc. Tenemos determinados valores que cultivamos y que cuidamos (a veces con mucho celo) en base a los cuales tomamos una postura acerca de las cosas que pasan, de las circunstancias que vivimos, y de lo que observamos.

Así es como, por ejemplo, cuando decimos “es de mala educación hablar en voz muy fuerte” lo que estamos expresando no es un hecho comprobable, sino como juzgamos nosotros el tono de voz que es apropiado utilizar para hablar. No hay ninguna afirmación en la frase anterior. Es solo un juicio. Sin embargo, exponemos ese juicio con categoría de verdad.

De la misma forma, el que escucha o recibe ese comentario, puede juzgar como “anticuado, pacato o caprichoso” el comentario. Dado que “las personas pueden hablar con su timbre normal de voz sin que esto tenga que molestar a nadie” Nuevamente no hay ninguna afirmación en esa frase, aunque se expone como un hecho indiscutible.

Otro factor que suele encontrarse en las conversaciones es la asignación de VERDAD a determinados juicios solo porque parecen ser mayoritarios. Dado que Todo el mundo lo dice, o dado que “la tele” lo dice. Dado que es lo que piensa la mayoría. Siempre fue así. Nunca se hizo de otro modo, y la lista puede continuar.

De esta forma entonces, las conversaciones van tejiendo una red entreverada con los juicios y opiniones que ponemos en juego y nos vamos alejando cada vez del objetivo de llegar a un acuerdo, de mejorar un resultado o de crear algo nuevo. Peor aún, sobre esa forma de conversar se va estructurando una relación que se empieza a resentir, dado que esos juicios se viven como afrentas personales, o criticas personales, en lugar de en las tareas que se pretenden concretar.

¿Como comenzar a utilizar entonces estas distinciones para mejorar nuestros resultados?

En definitiva, lo más fructífero, es comenzar a practicar UNA ESCUCHA DE LOS JUICIOS. Esto es, cuando conversamos, poner mucha atención a que juicios me esta brindando la otra persona y tratar de entender que es lo que hace que esa persona tenga esa opinión sobre el punto en cuestión.

Entonces podríamos preguntarle

• ¿En que te basas para decir esto? Esta pregunta es una directa invitación para que la otra persona nos muestre cuales son los hechos que ha observado, a partir de los cuales se formo esa opinión. Esto nos abre la posibilidad de entender en primera instancia sobre que estamos hablando

• ¿Que tendría que suceder para que cambiaras tu opinión?  Esta pregunta invita al otro a darnos mayores detalles acerca de cuales son sus valoraciones, cuales son sus estándares. Con que escala esta valorando esos hechos que ha observado.

Y, por último,

• ¿Porqué ES Importante para vos? En este caso la invitación es a entender que es lo que el otro esta cuidando. Cuidando en el sentido de que cosas le son relevantes, que le importan producir, o que esta anhelando.

Si comenzamos con este ejercicio, por lo menos para las conversaciones internas, y para aquellas que especialmente nos ponen en jaque, o que son ineludibles para lograr lo que queremos, seguramente vamos a obtener mejores resultados

Por lo pronto, nos entenderemos un poco más, tal vez podemos negociar desacuerdos, y quien dice hasta crear nuevos proyectos que de otro modo nunca hubieran sido concebidos.

 

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2020-10-22T20:29:51+00:00