Con la pandemia la educación online creció enormemente en tan solo unos meses; pero ¿Qué piensan alumnos, padres y profesores de esta modalidad? ¿Cuál creen que es el futuro de la educación? PROEM realizó una breve encuesta y los resultados sorprendieron.

Entre las ventajas más mencionadas se encuentran dormir más, evitarse el viaje hasta el instituto y disfrutar de más tiempo libre y mayor comodidad. Otra ventaja encontrada fue el acercamiento entre personas de lugares y culturas remotas que encontraron en la educación online la posibilidad de acceder a cursos antes no disponibles  “Antes de la cuarentena se tenía un concepto negativo de la educación online. -Nos dice Diana, estudiante universitaria- Se creía que era de menor calidad; pero ahora ya no existe ese prejuicio y personas de distintos países han podido conectarse. Un argentino puede hoy estudiar con profesores españoles y aprender de la cultura de ese país”. Agustina es otra alumna que apoya esta modalidad. “Vivo en el norte de la provincia de Buenos Aires y voy a la UBA. Con la educación online puedo estudiar desde mi ciudad y evitarme alquilar en Capital” Otra alumna de provincia asegura: “Vivo en Morón; pero estudio en la UBA. Antes tenía que hacer cuatro horas entre ida y vuelta por día. Ahora puedo cursar con mayor comodidad y no tengo que levantarme con tanta anticipación.” 

Las desventajas más mencionadas fueron las fallas constantes en el servicio de Internet, la poca socialización, el aburrimiento que pueden llegar a producir los cursos online y la inaccesibilidad de muchos a Internet. Una de las alumnas entrevistadas nos dice: “Uno de los problemas que encontré en estos meses es que algunas metodologías no sirven de forma online. Por ejemplo: Si el profesor manda ejercicios pero nunca hace una reunión virtual para poner en común los errores corregidos no se termina de afianzar el conocimiento.” Otra estudiante nos cuenta: “No todos contamos con los mismos recursos tecnológicos y de conectividad como para llevar adelante una educación virtual. Esta desigualdad hace imposible cursar a aquellos que  no cuentan con estos recursos”. Otro alumno de ingeniería aporta: “Personalmente me distraigo mucho y me canso más fácilmente. Tengo cuatro horas de clase; pero después de tres horas ya estoy agotado. Tampoco puedo hacer preguntas porque el profesor termina desviándose del tema y al final terminamos confundidos”.

Otros en sumar su voz son los profesores que encontraron desafíos en la educación a distancia. Una profesora de la Universidad de Palermo nos cuenta: ” La flexibilidad les permite a los alumnos manejar sus propios tiempos. Sin embargo, requiere de cierta responsabilidad y organización que no siempre se encuentra. El estudiante debe realizar los ejercicios, interpretar las correcciones y leer el material a tiempo para que no se le acumulen. Esto es algo vital de la educación a distancia y la mayoría falla. También les cuesta más socializar. Si bien hay foros que intentan suplir esa relación entre pares y alumno-docente, lo cierto es que muchas veces no se logra. Esta falta de comunicación complica la fluidez y espontaneidad a la hora de expresarse en un examen oral. Por otro lado, los profesores tenemos más dificultades para monitorear a los alumnos y saber si están comprendiendo el tema. Personalmente prefiero la educación presencial porque, además de lo antes dicho, la educación presencial le permite al estudiante realizar en el momento sus preguntas y al profesor responderlas. En la educación a distancia un profesor puede tardar en contestar y el alumno olvidar lo que preguntó.” Sobre el tema opina Carmen, otra profesora universitaria: “La educación a distancia me evita horas de viaje y me da más comodidad. Sin embargo, se trabaja más. Antes los alumnos solo me hacían preguntas en clase, ahora me llegan correos con preguntas todo el tiempo.”

Los padres  también se unen a la discusión. Adriana, madre de dos niños en primaria, nos dice: “Con la educación online no tengo que viajar hasta el colegio de mis hijos. Conozco  los temas que están trabajando  y veo cómo es pedagógicamente la docente por cómo da sus clases. Los chicos aprendieron mucho de tecnologías en este año. Entran solos a Classroom y Zoom, presentan sus tareas y buscan en Youtube. Sin embargo, se dispersan y aburren más fácilmente. Si las propuestas de Zoom no son atractivas se distraen y cuesta engancharlos. También los veo frustrarse cuando no pueden participar o preguntar algo. Otro problema es la división de burbujas ya que no se relacionan con los amigos.” Carmen, que además de profesora es madre de una  estudiante universitaria, cree que es más cómodo para su hija no viajar hasta la facultad; pero lamenta que reciba su título sin el tradicional festejo que brindaba la presencialidad.

Cuando les preguntamos por el futuro de la educación nos responden: “Creo que se mantendrá la modalidad online ya que antes de la pandemia había cursos a distancia. No es algo nuevo. Es una educación que le permite a personas alejadas de los edificios educativos poder asistir a clase y eso beneficia a institutos y estudiantes.” En esto concuerda otra estudiante universitaria quien asegura: “Es una buena forma de atraer alumnos. Creo que algunas cátedras y cursos se mantendrán a distancia”. Nuestras entrevistadas de provincia apoyan esta idea y creen que serán las materias de verano las que se harán de forma online. Nuestro estudiante ingeniero afirma que la educación primaria y preescolar retornarán a su presencialidad; pero que algunas carreras, como la suya, tendrán una educación mixta. En resumen, ninguno de los encuestados cree que la educación volverá a ser puramente presencial. Todos concuerdan que habrá una mezcla entre ambas modalidades y que la pandemia cambió para siempre la historia de la educación.

Nota: María Belén Cantorna, voluntaria PROEM