Una de las tantas razones por las que un individuo pierde motivación frente a su trabajo tiene que ver con la imposibilidad de alcanzar el desarrollo profesional deseado. En este sentido, el empleado tiende a percibir que todos sus días son iguales, que sus esfuerzos parecieran no ser vistos por sus superiores, que sus días se convirtieron en un laberinto rutinario del que no visualiza una salida exitosa. Ante esta situación, el trabajador debería analizar si el motivo de su preocupación es real; es decir, si efectivamente no está siendo valorado de acuerdo con su desempeño.

Para reconocer si existe tal estancamiento, el primer paso posible es observar si su currículum se encuentra igual que hace cinco años, o bien si lo que está haciendo actualmente podría seguir haciéndolo en los próximos cinco años. Si la respuesta es afirmativa, existe un indicio real de estancamiento laboral.

Otro factor a tener en cuenta es el contexto de la empresa. En algunos casos, por diversos motivos, los ascensos parecieran estar congelados, puesto que no se realizan movimientos en la distribución de cargos de la organización. Pero si un empleado se encuentra repetidamente con que sus colegas reciben oportunidades a las cuales él no está pudiendo acceder, debería preguntarse cuáles podrían ser los motivos que le impiden alcanzar esas posiciones dentro de la empresa.

Lo mismo sucede cuando una organización contrata a un empleado externo en lugar de brindarle la posibilidad a quien ya se encuentra trabajando para la empresa. En tal caso, habría que ver si se trata de una política propia de la organización en la cual se le da prioridad a la búsqueda externa, o si uno mismo no cumple con los requisitos para ocupar ese rol (puede ser no sólo falta de capacidad, sino también de motivación).

Si bien el empleado puede ponerse en lugar de víctima, atribuyendo su desgano a la falta de reconocimiento; al mismo tiempo, el empleador puede dar vuelta la situación, argumentando que la falta de reconocimiento se debe, precisamente, al bajo nivel de rendimiento del trabajador. Reconociendo que ambas partes tienen algo de razón, desde la perspectiva del empleado cabría hacerse el siguiente planteo: ¿cómo salir de ese círculo desgastante?

Una situación más cotidiana para tratar de entender si un trabajador está siendo valorado o no, es la de analizar cuál es el feedback que recibe de parte del empleador. Si un individuo jamás recibe una devolución de las tareas realizadas, si nunca escucha comentarios positivos o negativos de parte de su superior, si nadie le cuestiona ni le plantea qué cosas podría hacer para mejorar su trabajo, definitivamente, el empleado estaría en condiciones de pensar que no está siendo lo suficientemente valorado. Ante esta situación, es recomendable parar la pelota y discernir si vale la pena continuar con ese trabajo.

Si al detectar estos síntomas, aún tiene sinceras intenciones de continuar en la empresa, sería bueno focalizar en el motivo que produce ese desgaste diario. Tal vez descubra que, en realidad, esa insatisfacción aparentemente laboral proviene de algún aspecto de su vida totalmente independiente del trabajo. Si éste fuera el caso, sería conveniente dejar de culpar a la empresa, a su jefe y a la mala suerte, y más bien intentar superar ese conflicto personal que está repercutiendo en su trabajo, sin descartar recibir la ayuda de un psicólogo u otro profesional de la salud mental de ser necesario.

 

Gracias, Christian Rao, voluntario de PROEM, por la nota.